Recientemente, un artículo de Nuria Alabao lanzaba una frase que sacudió los cimientos de la "buena moral" contemporánea: "Tenemos que enseñar a las chicas a estar orgullosas de sus mamadas". Más allá del impacto de la frase, el fondo es una crítica necesaria a la vergüenza como método de control. Mientras la sociedad utiliza la exposición de fotos íntimas —reales o generadas por IA— como un escarnio público, la verdadera pregunta es: ¿Por qué seguimos permitiendo que la desnudez o la sexualidad sean armas de destrucción social?
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| Taller de fotografía nudista | @fotocircuito_ |
Como comunidad nudista, nos enfrentamos a este mismo muro de prejuicios todos los días. Y es hora de hablarlo claro.
La fotografía como registro, no como mercancía
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| Fotografía enfocada en las actividades y el ambiente, no en la genitalidad de los cuerpos |
Sin embargo, negarse a la fotografía sería tapar el sol con un dedo. El registro fotográfico del DNC existe para normalizar la socialización al desnudo, para mostrar que en nuestros eventos no hay perversión, sino un ambiente de respeto y naturaleza. No nos centramos en la genitalidad, sino en la experiencia. Pero, ¿qué pasa cuando esa imagen —o cualquier imagen íntima— se sale de nuestro control?
La violencia digital tiene género (y un doble rasero)
La exposición no autorizada de material íntimo es una forma de violencia que hoy, con herramientas como las IAs sin censura (el caso de Grok o los deepfakes), se ha vuelto masiva. Y aunque un hombre pueda sentirse vulnerado, el peso del juicio social recae desproporcionadamente sobre las mujeres.
Es una paradoja absurda: vivimos en una era donde casi todos hemos usado un celular para retratar un momento íntimo, ya sea solos o en pareja. Es una estadística, es lo normal. Tomarse una foto sin ropa es tan humano como tomarle una foto a una mascota o a un paisaje; es un recuerdo de un momento de confianza y belleza. Si esa foto se filtra, debería ser vista con la misma naturalidad con la que miramos una foto de nuestra infancia: quizás nos dé nostalgia o algo de pudor por el paso del tiempo, pero nadie negaría su propia infancia. ¿Por qué negar que tenemos un cuerpo y una vida sexual activa?
Desarmar el látigo: Si no hay vergüenza, no hay poder
La sociedad castiga a la víctima por "no haber cuidado su material", revictimizándola y protegiendo, por omisión, al verdadero criminal: quien filtra y divulga. Pero aquí hay una teoría disruptiva: si como sociedad dejamos de juzgar a quien aparece desnudo, el agresor pierde su arma. Es como la persona que deja de sentir cosquillas; el que intenta molestarte eventualmente dejará de hacerlo porque ya no obtiene la reacción esperada. Si aceptamos que todos tenemos un cuerpo y que todos habitamos la intimidad, la filtración de una foto dejaría de ser una tragedia social para convertirse en lo que es: una simple violación de la privacidad que solo califica moralmente a quien la comete, no a quien aparece en ella.
El nudismo como resistencia "Punk"
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| Asistentes a eventos que se expresan con su desnudes |
Recientemente, tras el evento en Radio Berlín, hemos recibido ataques cargados de ignorancia: "busquen de Dios", "qué mal ejemplo". Es curioso que nos hablen de "pureza" y "castidad" en un mundo que ha normalizado la violencia, las masacres y los discursos de odio, y aparentemente la comunidad nudista y nuestros eventos representan un mayor peligro para la sociedad que todo lo que se esta viviendo en el ambito político de Colombia y del mundo.
Para las instituciones tradicionales (la iglesia, el estado, la moral conservadora), el cuerpo debe estar oculto porque un cuerpo libre es un cuerpo que no pueden controlar. Por eso, el nudismo social y la aceptación de la propia sexualidad son actos de rebeldía pura. Trabajos como los de Virginie Despentes nos recuerdan que la liberación empieza por sacudirse esa vergüenza impuesta.
No vamos a alcanzar pronto la utopía de un mundo sin prejuicios, pero desde el DNC seguiremos trabajando por:
Normalizar los cuerpos reales, lejos de las estéticas impuestas.
Señalar al agresor, no a la víctima de la exposición.
Promover espacios seguros donde la propiocepción y la libertad sean más fuertes que el estigma.
En un momento geopolítico donde se normaliza el genocidio y el rechazo a la diferencia, aceptarnos y socializar desde el respeto, tal como somos, es la idea más punk que podemos tener.



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